La hernia de disco (también conocida como hernia discal o discopatía) es una afectación del disco intervertebral, normalmente a nivel lumbar o cervical y muy raramente a nivel dorsal, producido bien por una degeneración de dicho disco o bien por un sobreesfuerzo que haya afectado de forma significativa al disco. En palabras sencillas en una malformación, rotura o desgaste del disco amortiguador que se encuentra entre las vértebras que forman la columna vertebral y dan soporte a la espalda.

Las vértebras están separadas por un disco o anillo cartilaginoso compuesto por:

Núcleo pulposo

Situado en el centro y con un alto contenido en agua que se va perdiendo con el paso del tiempo afectando esto a su flexibilidad y resistencia, normalmente es este núcleo pulposo el que luego creará los síntomas al comprimir la médula, por su desplazamiento hacia la zona nerviosa.

Anillo fibroso

Es un anillo formado por laminas de colágenos que rodean al núcleo pulposo, lo protegen y le transmiten, por su variada disposición, flexibilidad y movilidad. Cuando el anillo fibroso se ve roto y su contenido sale al exterior es cuando hablamos de una hernia de disco.

La función de los discos es la de transmitir movilidad y flexibilidad a la columna y fundamentalmente la de amortiguar la transmisión de fuerzas entre las vertebras.

Existen hernias discales sintomáticas y asintomáticas (esto es con y sin síntomas dolorosos o molestos), hasta a un 30% de la población sin síntomas de hernia de ningún tipo se les detectan alguna pequeña hernia mediante resonancia magnética.